Financiamiento de la cultura: Entre lo público y lo privado

 

Una de las problemáticas más importantes abordadas en las discusiones sobre políticas culturales y economía de la cultura es la del financiamiento. Los músicos, cineastas, artistas plásticos, actores y demás agentes involucrados en la gestión de actividades culturales sufren cotidianamente dificultades para acceder a recursos económicos. El mercado, es decir, el consumidor que paga la entrada de un espectáculo o compra un libro, no siempre es una fuente suficiente de financiación, no siempre genera los ingresos necesarios para cubrir la inversión realizada.

 

El déficit de recursos económicos  

Las explicaciones a este fenómeno varían en función a las dinámicas económicas de cada actividad cultural. Por ejemplo, en el cine una de ellas es el alto costo de producción y distribución que demanda cada película. En la fonografía independiente, y otras industrias productores de bienes, es la reducida recuperación de la inversión debida a la piratería. Y en el teatro, y demás artes escénicas, es su tendencia a generar una brecha entre los ingresos por taquilla y los gastos, debido al incremento constante de sus costos y baja productividad (sólo se pueden hacer una o dos presentaciones por día frente a un número limitado de personas; y, a la misma vez, los salarios crecen al ritmo de la inflación), tal como lo demostraron el tándem Baumol y Bowen, fundadores de la economía de la cultura. 

Asimismo, también se pueden encontrar explicaciones generales, comunes a todo el sector cultural peruano. Ese es el caso de las dificultades para acceder a líneas de crédito convencionales, ya que las pequeñas y medianas empresas culturales carecen de las garantías y avales requeridos.  El de los límites de nuestro mercado interno, por su mediano tamaño y el bajo poder adquisitivo de la población. Y el de la competencia, muchas veces desleal, de los grandes conglomerados multimedia que dominan el oligopólico mercado global de la cultura.En todo caso, sea por cualquier motivo, el hecho es que la escasez de recursos económicos empobrece la oferta cultural y restringe las opciones de elección de los consumidores. Veamos algunas alternativas para revertir esta situación en el Perú: Los fondos nacionales y las leyes de mecenazgo. Ambos  son mecanismos institucionales y jurídicos que se pueden tomar en cuenta para ampliar las fuentes de financiamiento, ya que permiten recaudar aportaciones del Estado, la sociedad civil y la sociedad económica orientadas a  estimular la creación y difusión de los bienes y servicios culturales.

Los fondos nacionales
Los fondos nacionales han sido instituidos a nivel mundial a través de dos grandes modelos: uno centralizado y otro sectorial. El centralizado financia por medio de un solo organismo todas o gran parte de las actividades artísticas de un país como el Arts Council británico. El sectorial implica la financiación de actividades específicas a través de distintos fondos como los del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes de Chile. En el Perú, al conformarse el Consejo Nacional de Cinematografía (CONACINE) se optó por el segundo modelo. No obstante, este organismo no recibe anualmente todos los recursos que se le han asignado por ley y el resto de actividades culturales (plástica, literatura, música, etc.) no están siendo atendidas, como sí sucede en nuestro vecino del sur.  

Ante ello, para evitar cargas burocráticas, la dispersión de recursos y la descoordinación de esfuerzos sería recomendable adoptar mas bien un modelo centralizado que apoye las distintas fases del proceso productivo de los bienes y servicios culturales (creación, producción y distribución), en base a una fuente segura y estable de financiación y una administración autónoma compuesta por representantes del Estado y la sociedad civil.

 

Las leyes de mecenazgo
Por su parte, las leyes de mecenazgo abren nuevos campos para el apoyo a las actividades culturales. Mediante estos marcos normativos se exoneran a las empresas del pago de algunos impuestos a cambio del financiamiento de proyectos culturales. La experiencia de otros países demuestra que a pesar de no resolver por sí mismos la fragilidad de los mercados nacionales su aplicación moviliza un importante flujo de dinero. En Brasil, gracias a la Ley Rouanet, entre 1994 y 1998 la inversión privada en el sector creció
de 14 a 270 millones de dólares. Un régimen fiscal como este en el Perú podría, entonces, darle a las empresas socialmente responsables alternativas para canalizar sus recursos, hoy más disponibles que antes por el auge económico del país. 

Al momento de formularlo habría que tener en cuenta principalmente la importancia de diferenciar las donaciones del patrocinio, la filantropía sin fines de lucro de la realizada por motivaciones comerciales; establecer criterios claros y transparentes para la distribución de los recursos, con el fin de evitar que se concentren en pocas regiones geográficas y segmentos artísticos; y poner un límite a la resignación fiscal anual que se pretende hacer con la ley, para que esta no derive en un descalabro del prepuesto nacional ni se sacrifiquen imprudentemente los recursos públicos a favor de las iniciativas privadas.   

Hacia un sistema mixto de financiamiento cultural
Desde hace mucho los Estados de los países que dominan el mercado mundial de la cultura han comprendido la importancia que tiene la creación de un sistema de financiamiento para la cultura. Algunos se inclinaron por priorizar el financiamiento privado, otros por el público. Entre los primeros está Estados Unidos. Como lo argumenta Toby Miller (Global Hollywood, 2003), una sólida cultura filantrópica del sector empresarial y la existencia de múltiples exoneraciones fiscales a nivel federal explica en gran parte que actualmente el 85% de las salas de cine de todo el planeta exhiban películas estadounidenses.

Entre los segundos se encuentra Francia. Allí el teatro y el circo, la ópera y la danza no han dejado de florecer y llegar a otros países del mundo gracias a que en las últimas décadas cerca de la mitad de los ingresos no ganados por la taquilla provienen del tesoro público. 

Lo ideal no es optar por el financiamiento privado o público sino por ambos. Una manera de hacerlo es la formulación de fondos nacionales y leyes de mecenazgo, entre otros marcos normativos y programas institucionales. Con ello se diversificaría la fuente de recursos para la sostenibilidad de las actividades culturales, contribuyendo a la ampliación de las opciones de los ciudadanos para crear y consumir autónomamente.

Autor: Santiago Alfaro

 

6 comentarios

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6 Respuestas a “Financiamiento de la cultura: Entre lo público y lo privado

  1. Urpi Gibbons

    Interesantísimo Santiago…
    Voto por ti!

  2. Muy bueno, Santiago.
    Un detalle importante sería aclarar si los valores que citas para la inversión privada son en efecto la parte invertida por las empresas o la parte de exención fiscal, o la soma de ambas.
    De toda forma, vas a encontrar datos más recientes en http://www.cultura.gov.br/site/2007/11/21/estatisticas.
    Además el ministerio ha elaborado una interesante presentación con el diagnostico del financiamiento en ámbito federal y de las modificaciones sugeridas para la ley Rouanet, disponible en
    http://www.slideshare.net/MinC/dialogos-culturais-ministerio-da-cultura-presentation-666197?type=powerpoint
    Un abrazo.
    Álvaro Santi/Porto Alegre BR

  3. Pingback: el blog del morsa » Financiando la cultura

  4. Santiago:

    Creo que ya es hora que los buenos deseos acaben frente a la maciza realidad. Difícilmente el Estado va a gastar más de lo que gasta ahora. Más allá del aprismo piajeno, tenemos desde hace décadas una cultura de Estado que ve a la cultura (y con ello a la educación) como la quinta rueda del coche. Las partidas presupuestales están a la vista. Bonitas palabras, pero a la hora de apoquinar, nada.

    Y el sector privado tiene una curiosa idea de la cultura, generalmente bebedora de odres foráneos, con una lista de prioridades que va casi al contrario de las prioridades nacionales: Prefieren financiar un costoso libro fotográfico de arqueología para que circule entre la pituquería internacional a apoyar los colegios de las zonas adyacentes a las ruinas para que docentes y escolares se identifiquen con ellas. Pagan por una temporadita de ópera que las haga soñar en Europa pero sus iniciativas de fomentar la cultura musical entre los jóvenes están a años luz de lo que hace, ejem, el gobierno de Venezuela. O fundar un museo de caudal turístico, sin pasársesle por la cabeza subvencionar estudios de arqueología a los lugareños como garantía de continuidad cultural. El arte y la cultura que apoyan es selectivo por naturaleza.

    Quizá haya que buscar otros espacios. Me inclino por gobiernos locales y regionales, que manejan dinero, y parecen -ahora sí- más permeables a inversiones en cultura. Y luego rebuscar en la sociedad civil: instituciones educativas, colegios profesionales, gremios, universidades, clubes provinciales; es decir, actores sociales que puedan interesarse en la cultura y gestionarla.

  5. Interesante el post pero no termino de comprender por qué cuando se habla de la función del Estado en la promoción de la cultura nunca se menciona la educación, que justamente promueve la mejora de la calidad y de la cantidad de los consumidores de objetos culturales. Yo creo que las soluciones van por ahí y no por apoyos directos que pueden ser arbitrarios y se prestan para la argolla. No podemos mejorar el interés por la cultura con maestros mal pagados y mal formados.

  6. Pingback: el blog del morsa » Varias sobre políticas culturales

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