E+C= Un antes y un después para la economía y la cultura

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Por Diana Guerra Chirinos


Entre el 20 y 22 de mayo pasado, se celebró en la Casa Llotja de Mar de Barcelona, el Congreso Internacional de Economía y Cultura, organizado por la Cámara de Comercio de Barcelona y cuya dirección científica recayó en Lluís Bonet Agusti, destacado economista catalán de la Universitat de Barcelona, y a quien tuve como director de mi tesina del DEA . Precisamente por esta relación, tuve la oportunidad de participar como relatora de las sesiones plenarias del congreso.

Fue muy interesante observar que un congreso de corte académico es capaz de reunir a los más importantes representantes del mundo político, empresarial, cultural y académico de España y de Europa: la Ministra de Cultura de España, el Presidente del gobierno catalán, el Conseller de Cultura y el Conseller de Economía y Finanzas del gobierno catalán, el Presidente del Parlamento de Cataluña, el Alcalde de la ciudad de Barcelona, el Presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, el Director General de UNESCO, altos representantes de la Unión Europea, el Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, entre otros. Todos ellos, participando en mesas de debates en los que los estudiantes, gestores, economistas, investigadores y empresarios culturales eran parte de un atento público. El congreso fue inaugurado por el Rey de España, Juan  Carlos I.

En el Congreso fue evidente que los distintos poderes y sectores de Catalunya son capaces de dialogar y que las reuniones no son un saludo a la bandera: al finalizar el congreso los representantes políticos se comprometieron y anunciaron, entre otras cosas, a continuar con este espacio y a crear un comité gubernamental de alto nivel que reúna a los especialistas de economía y cultura, una forma tangible de darle peso político a este tema dentro de la estructura pública del gobierno catalán. Y ello teniendo en cuenta que ya existe el Instituto Catalán de las Industrias Culturales , que depende de la Generalitat de Catalunya y que funciona mas bien a nivel técnico.

Siendo testigo de este encuentro y más allá de admirar la impecable organización, pensaba en cuándo podríamos presenciar algo parecido en Lima. Es decir, tener en una misma mesa de debate a la gente del Ministerio de Economía y Finanzas, del Instituto Nacional de Cultura, de la Cámara de Comercio de Lima, a los pequeños y medianos empresarios culturales, a los gestores culturales y a los investigadores que desde las universidades, reflexionan sobre las relaciones entre economía y cultura y diseñando una agenda de acciones.  Y que esa mesa sea el reflejo de un trabajo conjunto y de fondo, de una articulación real entre los sectores, en el que los economistas y los representantes del sector cultural encuentren un lenguaje común. ¿Estamos lejos de verlo?.

El Congreso de Barcelona se articuló en torno a cinco sesiones plenarias, que abordaron los siguientes temas:

–    La cultura, la riqueza y el bienestar de las naciones,
–    La cultura y la nueva economía: empresas creativas e innovación,
–    Balance de intercambios en la distribución de la cultura: equilibrios y dependencias
–    La economía de los derechos, protección y desprotección en las TIC y la globalización
–    Un nuevo marco para la financiación de la cultura

A continuación, compartiré con ustedes las reflexiones realizadas en la Sesión Plenaria III , en la que participaron como conferencistas:
•    Enrique Barón, presidente del Grupo Parlamentario Socialista Europeo
•    Víctor Fernández Blanco, profesor de Economía de la Universidad de Oviedo
•    José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta
•    Jordi Martí, delegado de cultura del Ayuntamiento de Barcelona
•    Galia Saouma-Forero, directora de la División de Expresión Cultural e Industrias Creativas de la Unesco,

De más está decirles que el nivel de la sesión fue de primera, en parte a la excelente moderación que realizó Milagros Pérez Oliva, jefa de redacción y defensora del lector de El País.

La moderadora inició esta plenaria reflexionando sobre los conceptos de centro y periferia en el marco de la globalización y los acelerados cambios e innovaciones que casi no permiten reacción. Barcelona fue un centro de creación extraordinario cuando aglutinó, hace unas décadas, la creación literaria sudamerica  y en el último año, ha sido escenario de una película de un solo creador . ¿Qué ha cambiado?, se preguntaba Pérez Oliva, “antes venían los escritores sudamericanos y ahora la industria cultural cinematográfica ha puesto el nombre de la ciudad en una película. Es decir, la globalización económica ha derribado fronteras en cuanto a la difusión de productos, sin embargo, los productos culturales tienen fronteras interiores. ¿Cómo afronta entonces la industria cultural a la globalización? ¿Cómo gestionarla? ¿Cómo convertir el éxito local en un éxito en una cultura distinta? ¿Cómo hacerlo si sus productos sólo tienen valor local?”.

Enrique Barón fue el primero en intervenir, afirmando que la cultura es economía y algo más que economía: “Desde la Unión Europea se ha creado un mercado interior sin fronteras que construye una Europa diversa con 23 lenguas diferentes. En el marco de ese mercado interno, la cultura no puede corresponder solo a un tema de mercado. Desde la Unión Europea además, se defiende la declaración de la diversidad cultural propuesta por UNESCO, los europeos van juntos a negociar ante la Organización Mundial del Comercio los temas de reserva y excepción cultural. Hay mucho interés en la cultura porque es el primer sector económico en Estados Unidos y también en Europa. Dentro de la Unión Europea se abordan los derechos de autor e incluso se ha planteado extender a 95 años la protección de este tema”.

Víctor Fernández Blanco por su parte, afirmó que el mundo de la cultura se enfrenta a un mercado globalizado, en el que no hay fronteras y en el que la cultura debe buscar apoyo para sobrevivir. Las ventajas del comercio, a decir de Fernández, se basan en dos piezas fundamentales que son las bases del futuro de la cultura: la extensión de los mercados con la presencia de las grandes empresas transnacionales y la búsqueda de un diseño de ventaja comparativa de las empresas, que en el campo de la cultura es la posibilidad de crear, de innovar en contenidos y por lo tanto de abrir nuevos mercados. El panorama actual obliga a buscar nuevas ventajas comparativas, como el idioma español que tiene un mercado potencial de 425 millones de consumidores. Haciendo una analogía optimista de carácter astronómico, Fernández afirmó que hay gran planeta cultural de productos homogéneos con los mismos contenidos que se pueden consumir en cualquier parte del mundo y que son ofrecidos por las grandes cadenas transnacionales, y alrededor de este planeta común, hay espacio para la aparición de productos minoritarios a manera de satélites. No todos podrán adaptarse a los cambios tecnológicos, el proceso será duro y difícil, pero también significará ventajas para la cultura.

Por su parte, Galia Saouma-Forero, a la que la moderadora le pregunta qué papel juega el lugar donde se encuentra el creador cultural, afirmó que la cultura es un conjunto de símbolos e identidades y que no puede ser abordada únicamente desde la óptica económica, pues cuando hablamos del acceso de las comunidades al mercado global, hablamos de la identidad de esas comunidades.

Jordi Martí afirmó que si bien el mercado tiene una fuerza indiscutible, hay vida cultural más allá del mismo mercado. ¿Es entonces realmente la homogenización un peligro para las culturas minoritarías? No se puede negar que hay creadores a los que la globalización ha dado muchas oportunidades, creadores de mercados periféricos, que se han dado a conocer. En el mercado global hay muchas oportunidades pero pocos tienen las claves para acceder a esas oportunidades. Las claves son, a entender de Martí, por un lado el mantenimiento de los grandes sistemas empresariales, es decir, tener una industria cultural muy potente; y por otro lado, tener territorios concretos, ciudades que puedan aspirar a ser hub en el marco de la globalización.

José Manuel Lara, por su lado, mencionó que lo que vivimos es la globalización económica y la localización cultural. En relación a los contenidos, no existe globalización, pero si existe en la industria cultural, en las empresas y desde hace por lo menos 15 años. Los productos culturales están en lo local, y el sector editorial es un ejemplo de ello, en tanto 70% de los libros que se producen en la mayoría de los países son productos locales. Incluso los productos americanos extendidos en todo el mundo son locales.

En este punto, la moderadora preguntó hacia dónde íbamos, cuál era el futuro.

José Manuel Lara respondió que las culturas locales no están en peligro y que en realidad no existen las grandes industrias culturales. José Martí agregó que al costado de estos procesos que provoca la globalización, hay toda una realidad de intercambios culturales, sostenido mayoritariamente por el sistema público, que es un sistema importante y que alimenta al mercado cultural. El profesor Fernández por su lado, sostuvo que uno de los problemas de la cultura es que termina siendo un paraguas en el que caben muchas cosas y que en realidad hay dos maneras de entenderla: los productos industriales que responden al mercado y otro tipo de cultura donde participa la gente, es decir, la actividad cultural de las personas, que por su propia naturaleza escapa al funcionamiento de las industrias culturales. En ambas formas de entender la cultura hay una clave: la distribución, es decir, el intermediario que conecta los productos con el consumidor, que los selecciona y que trasmite la información del producto.

La moderadora interviene preguntando qué estrategias se deben seguir para que un producto cultural sea atractivo a propios y extraños, en el ámbito local y en el global. Enrique Barón responde que la Unión Europea ha lanzado programas culturales, algunos de mucho éxito, pero que es peligroso hablar de dirigismo cultural. La creación cultural no se consigue solo con politicas culturales dirigistas. En este punto, Galia Saouma-Forero, comentó que la política pública debe seguir interviniendo e impulsando la cultura, especialmente la innovación y la creatividad del propio artista y protegiendo la propiedad intelectual. A su parecer, las políticas públicas han jugado un rol importante en la creación de festivales que han permitido el intercambio y exposición de artistas.

La moderadora introduce otras interrogantes: ¿Hasta qué punto lo que han logrado los americanos se debe al control de la distribución o por el contrario, a su capacidad de innovar? ¿Dónde reside la innovación? ¿En el tipo de contenidos? ¿En el soporte? ¿o la distribución? Jordi Marti interviene afirmando que en un mundo globalizado existen dos grandes estrategias: la del formato estandarizado, que pretende abarcar muchos ámbitos y que se dirige al gran público y la especializada, sofisticada y dirigida a minorías. Las diferentes culturas tienen hoy una gran oportunidad en la segunda estrategia. José Manuel Lara a su vez afirma  que el debate no debe centrarse en la globalización, sino en la economía y la cultura y que son dos temas distintos. Insiste en que los contenidos son locales y que, por ejemplo, no existe un solo libro de ensayo que haya transpasado fronteras.

En relación a las afirmaciones que apuntan a que el dominio sobre la distribución cultural es clave en la globalización, Lara niega que alguna empresa domine la distribución, aunque reconoce que sería la situación ideal. El dominio del producto de origen es de las majors. La moderadora le pide a José Manuel Lara que haga el ejercicio mental de imaginar que regresa a los 25 años de edad y que tiene que enfrentar el mundo globalizado del futuro. Lara responde que en este mundo tan cambiante y de evolución imparable, es imposible adivinar qué pasará en el futuro.

Sin embargo, intuye que se fortalecerá la corriente que busca abaratar los costos de la intermediación; que gran parte de la industria cultural se ha modificado y se modificará en la red y otra parte no lo logrará; y que el e-comercio del libro real está cambiando pero que este cambio no será rotundo sino que habrá una migración en la que puede haber una pérdida importante: la edición minoritaria. Si la red sirve para llegar a más gente y más barato, bienvenida sea, pero los costos debe asumirla la propiedad intelectual, por lo que hay que respetarla rigurosamente. Lara agregó finalmente, que la Editorial Planeta solo puede intentar adivinar qué va pasar en el futuro con el libro digital.

Jordi Martí también ve problemas en lanzar predicciones sobre lo que pasará con la cultura en el futuro pero cree que la globalización tiene dos lados y que no se puede olvidar que la globalización también da oportunidades. En ese sentido, el rol de lo público en el soporte a la cultura es clave. Lo público debe activar flujos culturales y valores nutritivos que los empresarios inteligentes sabrán adoptar y mostrar.

Por su lado, el profesor Fernández vuelve a la idea de dividir la cultura en industria y actividad, pero entiende que las actividades culturales no se eximen de la lógica de mercado y de la economía. Recuerda que los productos culturales son elevadamente arriesgados y que son pocos los que tienen éxito económico, entonces, ¿Cómo minimizar el riesgo de errar, de no conseguir éxito económico? Los bienes culturales son bienes de experiencia, es decir que son productos con  características claves cuyo éxito o fracaso solo se conoce una vez consumidos.  Es un producto sujeto a riesgo e incertidumbre, por lo tanto, lo importante es transmitir información relevante –a bajo coste- al consumidor para que pueda escoger y quedarse con productos culturales relevantes.

Sin embargo, apuntó la moderadora, las descargas de películas en la red responden a las tendencias de las majors. Es decir, los que son capaces de dar a conocer el producto de manera atractiva, tiene la capacidad de incidir en los gustos y elecciones de los consumidores. Ante esta intervención, Lara afirmó que el público, el consumidor es el que decide, el que impone lo que se va producir, usando el boca-oreja.

Enrique Barón afirma que coexisten dos mundos, el de la librería tradicional y lo digital y que internet puede ayudar a vender más libros físicos que antes. En las sociedades más informátizadas se siguen vendiendo series completas de libros. En ese sentido, podrán rescatarse libros que no se editan hace tiempo o que ya habían desaparecido.

¿Cuál es el balance de la Convención por la Diversidad Cultural aprobada por la UNESCO, a cuatro años de su ratificación?, preguntó la moderadora dando la palabra a Galia Saouma-Forero, quien señaló la importancia de dicha convención y las discusiones que se generaron en torno a ella. Dicha Convención acepta la globalización pero bajo una normativa que permita proteger a la diversidad cultural. La moderadora vuelve a intervenir y pregunta ¿cuáles deben ser los nuevos valores emergentes que permitan que un producto local tenga aceptación global?.

Lara responde que estamos ante un cambio de hábitos espectacular, que los productos envejecen inmediatamente, sin embargo, podemos reaccionar y buscar la desaceleración. Jordi Martí apunta a que hay una capa que va a máxima velocidad pero que al mismo tiempo, coexisten otras capas que van a otro ritmo. Hay muchas realidades que tienen sus propias lógicas economicistas.

El profesor Fernández vuelve al tema de mirar el futuro y afirma que es muy difícil predecir lo que pasará pero hay dos ideas que habría que tener en cuenta: la inquietud de la gente por crear, lo que se traduce en promover su activa participación; y la difusión de la información. La moderadora interviene y afirma que información no parece ser igual a más cultura, sino a “picoteo”. Enrique Barón rescata en ese panorama, la cantidad de gente que está creando y consumiendo cultura, y que experiencias como la presencia del Instituto Cervantes en diferentes países lo confirma así.

El plenario finaliza con el pedido a cada participante de dar alguna receta para el emprendedor cultural: El profesor Fernández ve el futuro de este agente en conseguir que el público decida que producto cultural desea consumir, abaratando el costo del acceso a la información; Barón por su lado rescata el valor local y universal de la cultura por encima de otros sectores; Jordi Martí solicita un paquete de medidas fiscales adaptadas al sector cultural y una ley de patrocinio y mecenazgo, similar a la francesa; y Lara concede el mayor peso de esta conversación a la protección de la propiedad intelectual y a la necesidad de  asegurar que más gente acceda a productos culturales cada vez más baratos.

Lima, 16 de agosto del 2009.
Diana Guerra Chirinos

5 comentarios

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5 Respuestas a “E+C= Un antes y un después para la economía y la cultura

  1. Mario Sifuentes

    Diana:

    Muy interesante el resumen que haces del evento, se ve que lo has seguido con mucha atención y apasionamiento. Gracias por compartirlo: https://maniobras.wordpress.com/2009/08/19/economiaycultura/

    Me asaltan un par de ideas a partir de ello. De hecho Barcelona y otras ciudades europeas son una realidad diferente en cuanto a la creación y al consumo de cultura, sin embargo veo en el ejemplo de ellas una legítima aspiración para los peruanos. Después de todo, durante tres siglos fuimos la capital del Virreynato y por el puerto del Callao desembarcaron las principales obras y artistas que llegaron a Sudamérica. Ojalá -aunque la tarea será difícil- en algún momento Lima y el Perú recuperen ese espacio y la reputación cultural de antaño en el continente.

    Por otro lado, hoy vivimos un tiempo que parecía no iba a llegar nunca. Pese a la cantidad de estúpidos que siguen pululando en las esferas de influencia y en los medios de comunicación, la mayoría de peruanos estamos saliendo de una depresión de décadas, empezamos a sentir orgullo por lo que siempre hemos tenido, por lo que siempre fue nuestro. Nos habían enseñado a esconder debajo de la alfombra y a sentir vergüenza de nuestras principales manifestaciones artísticas, de los valores de nuestra cultura autóctona. Hasta los setentas, la cultura oficial denigró cualquier asomo de aquella manifestación que no fuera importada. Esa era la cultura de los rentistas, de aquellos que ociosamente creían alcanzar un estatus por solo mirar e imitar a occidente y que, por una evidente ignorancia, nunca fueron capaces de apreciar la diversidad, el valor y la profundidad de esa vena histórica que está inscrita en el ADN de los peruanos.

    En ese sentido, coincido con el grupo de ponentes que afirman que las mejores temáticas ahora son las de origen local. Especialmente en el Perú. Estoy seguro de que así como con la comida, el pisco, Machu Picchu y nuestros nuevos ídolos campeones, el sacar esos viejos e inmortales temas de debajo de la alfombra nos traerá réditos muy reconocibles como sociedad, como país. Estoy seguro de que con ellos escribiremos historias para el orgullo en un contexto en el que, más que la globalización -un hecho irrefutable con el que no puedes estar a favor o en contra- el ‘mass media’ ha jaqueado cualquier posibilidad interpretativa, ha estandarizado discursos y casi ha desterrado el asombro y la sorpresa de la propuesta artística.

    Hoy estoy viviendo un periodo muy especial. Esta reflexión no nace producto de la improvisación ni tampoco es solo motivada por el impulso que generosamente nos brindas con tu texto. Hace unas semanas estrenamos con La Tarumba el espectáculo ‘Hechicero’. Dos años nos tomó desarrollar una propuesta para el espectáculo por los 25 años del grupo, y nuestro objetivo ha sido, entre otros, el desarrollar un circo con identidad nacional. Desterramos rápidamente la posibilidad de hacer un montaje de postales tipo costa, sierra y selva y nos concentramos -como en la elaboración de una tesis- en una zona atemporal pero geográficamente muy específica. La nuestra ha sido una apuesta de celebración por la diversidad cultural, por la inclusión y la revaloración de una pequeña parte de todo lo que tenemos para aprovechar culturalmente.

    Durante dos siglos se dio un intercambio comercial en el recorrido del río San Juan entre la costa y la sierra. Bajaba el mineral, la música, las danzas y subían la comida, la religión y las especies. Ese río une El Carmen, en Chincha, con Huancavelica. Negros, blancos y andinos en un intercambio constante durante siglos. Danza de los negritos y caballos de paso en Huancavelica; violín y zapateo andino en la costa.

    Pero lo que principalmente ha precipitado en mí este montaje es un descubrimiento maravilloso: el de la Nación Chopcca, localizada en las alturas de Paucará y Yauli en Huancavelica. Quien haya ido al espectáculo podrá reconocer en un grupo de artistas la música, las danzas y los vestuarios de ese pueblo que a fuerza de exclusión se hizo autogestionario y celoso guardián de sus tradiciones. ¡Cuántas manifestaciones de la misma calidad y valor tenemos escondidas para nosotros mismos todavía en el país!

    Pero lo que más me emociona -ya estrenado el espectáculo- es que sin necesidad de conocer al detalle esta cultura, la mayoría ni siquiera por el nombre, los espectadores la sienten suya, la toman como propia, la disfrutan y la celebran. El público sale orgulloso de lo que es nuestro y que hasta hace poco, oficialmente, no nos dejaron compartir.

    Por último, estos tiempos, creo, exigen ser reconocidos localmente para luego dar el salto global. Creo que ya nos toca, y que ha llegado el momento de sentirnos dignos y legítimos herederos de una de las culturas matrices del mundo… sin duda, la más importante del continente.

    Mario Sifuentes
    Lima, Perú

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  4. betsy recavarren

    Excelentes artículo y comentario de Diana y Mario.El quid del asunto cultural radica en la identidad de un pueblo -varios pueblos!- que habitan el espacio territorial del Perú. Es lo que nos une y nos distingue y que, como bien cita Mario, ha sido sistemáticamente combatido por el Estado formal (aunque suene redundante). El problema es que en este régimen estamos siendo testigos demudados del afán arrasador de las entidades estatales que pretenden desaparecer los vestigios monumentales de esa identidad (caso desmonumentalización del Santuario de Luren perpetrada por el INC; demolición de los claustros del ex convento agustino en el Centro Histórico del Cusco -con el visto bueno siniestro del INC-Cusco y el Concejo local- para dar paso a un hotel que lesiona la volumetría del hábitat circundante y alterará el uso de calles adyacentes; demolición de templos católicos anteriores al siglo XIX en la costa central, sin consultar a la propietaria que es la Iglesia; ejecución de obras conexas de la Estación Central en pleno Centro Histórico de Lima (declarada Patrimonio de la Humanidad) sin contar con autorización del INC (que no asume sus fueros legales).,etc. Hasta cuándo seguiremos inermes anta tamaño despliegue de criminalidad de lesa cultura? Quién defiende nuestro patrimonio Cultural? La defensora del pueblo tiene idea de lo que esta omitiendo defender? Solo el compromiso personal de cada uno de nosotros puede hacer el milagro de impedir a estos cavernícolas que nos des-gobiernan su sueño de desaparecer nuestra identidad y nuestra razón de ser en el mundo global. Fuerza, amigos!

  5. Alcides Luna

    El análisis de este Seminario, me ha ayudado a ver la diferencia que existen en el manejo de nuestra cultura.
    Nuestra Cultura, abatida por la economía.

    Con mucha pena y malestar se hace evidente que no existe ninguna iniciativa de parte de nuestras instituciones comprometidas en conservar el patrimonio cultural, para trabajar o desarrollar planes de gestión cultural, estas instituciones despliegan esfuerzos individuales y excluyentes muchas veces duplicando esfuerzos, sin que tengan una coordinación y diálogo entre ellas, “este gran divorcio institucional”, nos hace visionar a futuro, el no poder contar con este tipo de Congresos.
    Lo que falta en el Perú, es un involucramiento de las comunidades, organizaciones civiles, instituciones y el estado, en donde cada representante asuma su responsabilidad y compromiso, sin que tenga ningún sesgo personal empresarial ni político, y este se convierta en una impecable organización.
    De un tiempo a esta parte se ha visto que nuestro patrimonio cultural está siendo aniquilada por un sistema que se encuentra enquistado en los poderes del Estado, sin que exista un claro interés, de recuperar nuestro legado cultural, para nosotros y las futuras generaciones.
    ¿Existirá un sistema de mercantilismo cultural?
    Por que a vista y paciencia de muchos veedores, nuestro legado cultural con cada “entorno geo-cultural” con que contamos sufre grandes pérdidas irreparables.
    Por otra parte, la economía que traen las grandes demandas de turismo cultural, en algunos entornos geo-culturales, comunidades que equivocadamente caen en una banalización de nuestra cultura, especulando a veces, sobre nuestro patrimonio cultural.
    Hechos que posiblemente se den por la pérdida de confianza al INC, por los presendentes que tiene esta institución, con las decisiones que ha tomado para favorecer a alguna empresas con grandes capitales, construcciones que quedan para la memoria colectiva de la población.

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